El REINFO y la promesa incumplida de formalizar la minería en el Perú

Peru minnng 2025 - Itrabua

El mercado mundial del cobre está entrando en una nueva era, marcada por una demanda creciente y una presión cada vez mayor sobre la oferta. A medida que el mundo avanza hacia la electrificación —impulsada por los vehículos eléctricos, las energías renovables y la modernización de las infraestructuras urbanas—, la atención se centra en los dos mayores proveedores de cobre: Chile y Perú. Juntos, estos países producen cerca del 40% del cobre mundial. Pero surgen dudas importantes: ¿podrán responder a esta demanda explosiva? ¿O se avecina una escasez severa por problemas estructurales, políticos y geológicos?

En Chile, históricamente el mayor productor mundial de cobre, el panorama es mixto. La Comisión Chilena del Cobre (Cochilco) proyecta un crecimiento hasta 2027, con una producción que podría alcanzar los seis millones de toneladas, impulsada por proyectos como Quebrada Blanca Fase 2 de Teck Resources y la optimización de minas a gran escala. Sin embargo, este auge sería temporal. El envejecimiento de las minas, la baja ley del mineral y la falta de nuevos descubrimientos importantes amenazan el futuro si no hay inversión sustancial. A esto se suma la incertidumbre política en torno a los impuestos y normas ambientales, lo cual enfría el ánimo de los inversionistas.

Chile aún tiene ventajas: una infraestructura minera madura, una fuerza laboral calificada, cercanía con Asia y políticas gubernamentales activas de apoyo al sector. Además, lidera en el uso de energías renovables aplicadas a la minería. El desierto de Atacama ofrece la mayor radiación solar del planeta, y la Patagonia cuenta con un alto potencial eólico, lo que permite reducir la huella de carbono y los costos energéticos de la industria.

Pero ni siquiera Chile está libre de obstáculos. La escasez de agua en el norte del país, donde se concentra la minería, ha generado presión ambiental y conflictos con comunidades. Muchas empresas han tenido que invertir en plantas desalinizadoras y tecnologías de recirculación, lo que encarece los proyectos. Además, los debates sobre reformas constitucionales generan temores sobre mayor control estatal y regulaciones más estrictas.

Perú, segundo productor mundial de cobre, representa una enorme oportunidad, aunque con desafíos persistentes. Tiene reservas de cobre sin explotar y promueve proyectos clave como Tía María, Zafranal y Las Chancas. Se estima que para 2037 podría duplicar su producción actual, superando incluso a Chile. Sin embargo, el avance es lento. La conflictividad social, la tramitomanía y las demoras en permisos ambientales han retrasado exploraciones y desarrollos.

Las compañías mineras junior están desempeñando un papel clave en la exploración de cobre en Perú. Empresas como Chakana Copper, Element 29 Resources y Hannan Metals usan tecnologías avanzadas para identificar depósitos, como escaneo hiperespectral de núcleos. Chakana, por ejemplo, explora su objetivo Mega Gold, con potencial para atraer grandes inversionistas. Element 29, por su parte, desarrolla un proyecto con más de 320 millones de toneladas de recursos inferidos, enfocado en un concentrado limpio y con bajo arsénico, lo que le daría una ventaja en el mercado.

Hannan Metals apuesta por un modelo de exploración por clústeres, con varios objetivos de alto potencial distribuidos en una amplia zona, bajo el concepto de “collar de perlas”. Además, destaca por su enfoque en el compromiso comunitario y la sostenibilidad ambiental, características cada vez más valoradas en el sector.

No obstante, descubrir minerales no basta. Para convertir un hallazgo en una mina productiva se necesita capital, infraestructura y, sobre todo, aceptación social. En Perú, la desconfianza hacia la minería y el historial de promesas incumplidas siguen generando oposición local. Aunque las empresas han intensificado su diálogo con las comunidades y han contratado mano de obra local, la percepción de que la minería solo extrae, pero no transforma, persiste.

El gobierno ha creado iniciativas como la Ventanilla Única para agilizar permisos, pero su implementación es desigual. Obtener permisos ambientales puede tardar entre dos y tres años, debido a exigencias como estudios de línea base, evaluaciones arqueológicas y consultas comunitarias. Aunque son pasos necesarios para proteger el entorno, también generan incertidumbre y alejan inversiones de medianas empresas.

Mientras tanto, la demanda mundial de cobre podría duplicarse hacia 2035, según S&P Global y BHP. El cobre es vital para todas las formas de electrificación: vehículos eléctricos, centros de datos, redes inteligentes. Se espera una explosión de demanda especialmente en países en desarrollo que apenas empiezan a tener acceso confiable a energía. Pero la oferta es limitada: muchas minas actuales tienen más de 100 años y abrir una nueva puede tardar hasta 25 años. El reciente cierre de una mina en Panamá agravó aún más el panorama.

Peru minnng 2025 - Itrabua

Además, hay escasez de concentrado de cobre. Las fundiciones chinas han firmado contratos con productores chilenos a precios casi nulos por el procesamiento, lo que refleja la tensión del mercado. Esto genera un dilema: el precio del cobre sube, pero también los costos, y la competencia por concentrados de alta calidad es feroz. Las empresas que logren producir cobre limpio y con baja penalidad —como busca Element 29— tendrán ventaja.

Los inversionistas también están prestando más atención al desempeño ambiental, social y de gobernanza (ESG). Las compañías con buenas prácticas ESG acceden a financiamiento verde y ganan reputación. En América Latina, donde la minería suele generar resistencias, liderar en estos temas puede marcar la diferencia. Las empresas que reportan de forma transparente, cumplen normas laborales y trabajan de forma colaborativa con las comunidades son vistas como menos riesgosas y más confiables.

Chile tiene la ventaja de su infraestructura, energía verde y mano de obra calificada. Perú, por su parte, cuenta con activos estratégicos como el megapuerto de Chancay, que facilitará la conexión comercial con Asia. Ambos países deben enfrentar el envejecimiento de sus minas y la complejidad de operar en zonas de alta sensibilidad social y ambiental.

El mundo está mirando. Las empresas junior con proyectos sólidos, relaciones comunitarias fuertes y procesos de extracción limpia están atrayendo inversión. El interés en los sistemas de pórfido por su escala y longevidad va en aumento. Modelos como el de Hannan Metals en Perú podrían transformar no solo el destino de una empresa, sino de toda una región minera.

Lo que está claro es que la industria del cobre atraviesa un punto de inflexión histórico. Este metal es esencial para la transición energética global, pero garantizar el suministro será una carrera con obstáculos. Chile y Perú, a pesar de sus desafíos, siguen siendo actores clave. El éxito dependerá de reformas regulatorias, exploración estratégica, liderazgo ESG e inversión en infraestructura.

Quienes inviertan con visión de largo plazo y tolerancia al riesgo pueden encontrar grandes oportunidades en la región. La clave será identificar no solo quién encuentra el próximo gran yacimiento, sino quién podrá llevarlo al mercado de forma eficiente, responsable y con respaldo social. En la carrera por satisfacer la demanda global de cobre, los Andes aún guardan el premio… pero no será fácil ganarlo.